Poco a poco, post a post, hemos ido dando consejos y algunas claves para conseguir los mejores resultados en cualquier tipo de imagen creada a partir de un ordenador. Hemos aprendido trucos sobre iluminación, colores, softwares, renders… y ahora toca tratar otro aspecto tan fundamental como todos los anteriores: el texturizado.

Una parte importante de nuestro trabajo va destinada a apoyar proyectos arquitectónicos, por lo que nos vamos a centrar en el texturizado de materiales que pueden presentarse en la representación de una vivienda o un edificio. Sin embargo, las técnicas de texturizado son aplicables a cualquier ámbito, ya que la observación es la herramienta básica de este proceso que tiene por objetivo principal imitar la apariencia de los materiales que componen un escenario real.

En palabras más técnicas, texturizar una imagen digital supone la aplicación de colores, efectos y trucos de iluminación para simular un material real de un objeto o un entorno. Este proceso se suele realizar cuando ya se ha terminado el modelado y ahora se necesita dar un toque de realismo simulando distintos materiales como madera, metal, cerámica, tela…

Las muestras de texturas se pueden obtener directamente de la realidad con la ayuda de una cámara de fotos o incluso con un escáner. Si digitalizamos la imagen de un material después podemos aplicar ese acabado a cualquier objeto que hayamos diseñado, ya sea tridimensional o un dibujo plano. Igualmente, también podemos crear una textura nosotros mismos a partir de programas de edición gráfica como Photoshop o Illustrator. A estas dos formas de generar materiales digitalizados se la conoce como bitmap (mapa de bits). Otra opción es acudir a un banco de gráficos donde otros infografistas han volcado su trabajo.

Sin embargo, estas formas de obtener texturas tienen una desventaja: la resolución. En ocasiones la resolución de las muestras no es lo suficientemente buena como para aplicarla en superficies amplias y acaba por pixelarse o nos vemos en la necesidad de “copiar y pegar” varias veces la muestra. Para evitar esto, existen otros sistemas de texturizado denominados “procedurales” o “shaders” que se basan en unos algoritmos que van integrados en el mismo programa 3D. Con este proceso la resolución siempre es buena y nunca llegamos a percibir ningún píxel.

En las infografías en tres dimensiones de casas, tanto del interior como del exterior, las formas que se utilizan son bastante básicas, puesto que la mayoría de objetos a representar se componene de formas geométricas básicas. Por eso, los procedimientos para texturizar suelen ser cuatro:

– Planar. Para aplicar una textura en paredes o suelos como el parquet o el gotelé.

– Cúbico. Se proyecta la textura hasta en seis direcciones, por lo que es ideal para armarios, mesas, sillones…

– Cilíndrico. Sería la mejor opción para dar realismo a barras de metal, jarrones y cualquier objeto con forma cilíndrica.

– Esférico. Resulta ideal para texturizar objetos redondeados o para simular las ondas del agua de una piscina o del mar.

Y si nos encontramos con un objeto con unas formas más complejas, siempre podemos descomponerlo para aplicar alguna de esas cuatro opciones o una combinación de varias. O Incluso podemos aplicar una textura a un objeto plano y posteriormente modelarlo.

Estas son algunas de las claves que hay que tener en cuenta a la hora de añadir texturas a un diseño en 3D. Si conseguimos que las texturas sean realistas obtendremos una infografía con una calidad mayor.