La tecnología y el diseño de renders forman parte del presente de cualquier estudio dedicado al 3D. Cuando hablamos de imágenes en tres dimensiones solemos imaginarnos mundos ficticios, edificios que aún no se han construido o personajes de películas infantiles. Sin embargo el 3D tiene muchas más utilidades, y una de ellas es reconstruir el pasado. Resulta muy útil para arqueólogos, escultores y restauradores poder tener una visión completa de un objeto que se ha roto con el paso del tiempo.

El trabajo de estos profesionales se facilita considerablemente gracias a la Restauración Virtual. El objetivo de esta disciplina no es otro que ilustrar la construcción de objetos con un valor patrimonial. La representación del aspecto original de estas piezas tiene fines científicos, pedagógicos o de divulgación. La restauración virtual de, por ejemplo, una escultura permite obtener un modelo tridimensional que muestra el resultado de la pieza una vez arreglada. Con esto también se hace una mejor elección de los materiales y los métodos de trabajo; y todo sin tocar el objeto real.

Para que la restauración virtual tenga un buen resultado, es necesario dividirla en, al menos, dos fases:

1. Anastilosis virtual

Es el proceso por el cual se recomponen las partes rotas del objeto que aún se conservan. Es decir, unir las piezas como si se tratara de un puzzle, fotografiarlas y trasladarlas al programa de edición 3D. Para ello, hay que tener especial cuidado en controlar la luz para mantener la tonalidad original, para que en la siguiente fase el trabajo resulte más sencillo y se obtenga un buen resultado.

2. Reconstrucción de los fragmentos perdidos

Tal y como se adivina en el título, se trata de diseñar virtualmente los trozos que faltan en el objeto. Es muy importante tener referencias que nos ayuden a completarlo. Ya sean fotos, cuadros, textos, piezas gemelas… Cualquier tipo de documento es válido para formar la idea de cómo debió ser ese objeto. Por ejemplo, si se quiere restaurar la cornisa de un edificio antiguo, posiblemente queden aún piezas de la misma, por lo que se tiene la imagen clara de cómo era originalmente.

Con todo este proceso ya realizado, se puede pasar a la restauración manual de la obra. En la pantalla del ordenador se ha podido comprobar cuál es el mejor material, los colores que se deben usar y cómo se debe proceder para no dañar las porciones que se habían conservado. Un enorme avance que no precisa la más mínima intervención en el objeto real. De esta forma, se evitan daños que procedan de la manipulación.

Uniendo la imagen virtual a otra tecnología, como son las impresoras 3D, todavía es menos necesario trastear la figura. Las piezas que faltan se pueden imprimir directamente y pegarlas en su lugar correspondiente. Claro que habrá que usar la “tinta” que más se asemeje a el objeto a restaurar.

La Restauración Virtual permite ahorrar costes tanto en el trabajo de restauración en sí, como en materiales y esfuerzo. Al conseguir un diseño al milímetro del resultado final, se evitan errores y se gana bastante tiempo.

Puede que a Cecilia Gimenez le hubiera venido bien conocer estos detalles antes de restaurar el eccehomo de Borja.