Hasta ahora, las presentaciones en tres dimensiones de proyectos arquitectónicos o de nuevos productos han ido acompañadas de unas gafas de realidad virtual. Es un elemento llamativo y, este año, se ha visto en todas las ferias y congresos, sobre todo en las de arquitectura y las de turismo. Es cierto que es una herramienta muy útil, ya que impresiona y engancha al usuario a la marca, Además, consigue que la imagen de la empresa sobresalga entre las demás del mismo sector.

Pero claro, para poder vivir esa experiencia de realidad, de viajar a cualquier lugar sin moverte del sitio, es fundamental utilizar unas gafas o un casco. Pues bien, en un futuro no muy lejano los aparatos reproductores de realidad virtual van a pasar a un segundo plano. Gracias a la tecnología bautizada como Cinema 3D, será posible experimentar la sensación de tener algo inimaginable frente a ti, sin dispositivos de por medio, solo el ojo y la proyección.

El invento viene de manos de profesionales del Laboratorio de Ciencia Informática e Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en colaboración con el Instituto Weizmann y la Universidad del Sarre. Por ahora, el prototipo está enfocado al cine en 3D, pero si lo pensamos bien se puede aplicar a la realidad virtual.

Cinema 3D funciona mediante la autoestereoscopia. Suena a algo bastante complejo, ¿verdad? Pues la verdad es que se trata de una imagen plana, en dos dimensiones. Lo que cambia es la proyección y funciona porque lo que hace es engañar a nuestros ojos, y nuestro cerebro se lo cree. Es decir, la autoestereoscopia presenta dos imágenes en movimiento simultáneamente. Estas dos escenas son prácticamente iguales, solo que al ser percibidas a la vez por ambos ojos, da la sensación de profundidad y, por ende, la fantasía de estar ante una imagen en 3D.

Otra de las partes fundamentales para conseguir que esta tecnología funcione es otorgarle a cada píxel un punto de luz y dirigirla en diferentes direcciones. El proyecto elaborado por el MIT utiliza un equipo de más de 50 lentes y espejos capaces de realizar la magia. Ya ha podido disfrutar de este prototipo un pequeño grupo de espectadores. Aunque para que aterrice de lleno en las salas de cine todavía es pronto. Es difícil captar todos los puntos de visión que abarca un cine de la misma forma, y la pantalla grande también supone un problema.

Si a esto, le añadimos butacas con movimiento, ráfagas de aire, y un sonido totalmente envolvente, los cines parecerán cámaras de teletransportación. En un abrir y cerrar de ojos podremos ver, oír y sentir una proyección que nos trasladará a cualquier lugar real o ficticio.

Con este avance tecnológico estamos cada vez más cerca de los hologramas que salen en las películas de ciencia ficción. Sin gafas, ni ningún aparato externo; solo el proyector y el humano, que sentirá que casi puede tocar lo que está ante él.