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El futuro de las visitas virtuales no necesita gafas

Hasta ahora, las presentaciones en tres dimensiones de proyectos arquitectónicos o de nuevos productos han ido acompañadas de unas gafas de realidad virtual. Es un elemento llamativo y, este año, se ha visto en todas las ferias y congresos, sobre todo en las de arquitectura y las de turismo. Es cierto que es una herramienta muy útil, ya que impresiona y engancha al usuario a la marca, Además, consigue que la imagen de la empresa sobresalga entre las demás del mismo sector.

Pero claro, para poder vivir esa experiencia de realidad, de viajar a cualquier lugar sin moverte del sitio, es fundamental utilizar unas gafas o un casco. Pues bien, en un futuro no muy lejano los aparatos reproductores de realidad virtual van a pasar a un segundo plano. Gracias a la tecnología bautizada como Cinema 3D, será posible experimentar la sensación de tener algo inimaginable frente a ti, sin dispositivos de por medio, solo el ojo y la proyección.

El invento viene de manos de profesionales del Laboratorio de Ciencia Informática e Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en colaboración con el Instituto Weizmann y la Universidad del Sarre. Por ahora, el prototipo está enfocado al cine en 3D, pero si lo pensamos bien se puede aplicar a la realidad virtual.

Cinema 3D funciona mediante la autoestereoscopia. Suena a algo bastante complejo, ¿verdad? Pues la verdad es que se trata de una imagen plana, en dos dimensiones. Lo que cambia es la proyección y funciona porque lo que hace es engañar a nuestros ojos, y nuestro cerebro se lo cree. Es decir, la autoestereoscopia presenta dos imágenes en movimiento simultáneamente. Estas dos escenas son prácticamente iguales, solo que al ser percibidas a la vez por ambos ojos, da la sensación de profundidad y, por ende, la fantasía de estar ante una imagen en 3D.

Otra de las partes fundamentales para conseguir que esta tecnología funcione es otorgarle a cada píxel un punto de luz y dirigirla en diferentes direcciones. El proyecto elaborado por el MIT utiliza un equipo de más de 50 lentes y espejos capaces de realizar la magia. Ya ha podido disfrutar de este prototipo un pequeño grupo de espectadores. Aunque para que aterrice de lleno en las salas de cine todavía es pronto. Es difícil captar todos los puntos de visión que abarca un cine de la misma forma, y la pantalla grande también supone un problema.

Si a esto, le añadimos butacas con movimiento, ráfagas de aire, y un sonido totalmente envolvente, los cines parecerán cámaras de teletransportación. En un abrir y cerrar de ojos podremos ver, oír y sentir una proyección que nos trasladará a cualquier lugar real o ficticio.

Con este avance tecnológico estamos cada vez más cerca de los hologramas que salen en las películas de ciencia ficción. Sin gafas, ni ningún aparato externo; solo el proyector y el humano, que sentirá que casi puede tocar lo que está ante él.

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La Realidad Virtual sigue evolucionando

La Realidad Virtual llegó al mundo como algo revolucionario, que cambiaría el modo de transmitir información. Un tiempo después, nos hemos acostumbrado tanto a ver esta tecnología en ferias, congresos o incluso en nuestras propias casas que ya no nos impresiona. Pasa lo mismo con cualquier avance tecnológico, que, al desarrollarse e implantarse en la sociedad tan rápido, pierde el interés de los usuarios mucho antes de lo previsto.

Con la realidad virtual está ocurriendo lo mismo, ya no sorprende tanto, ya no resulta algo novedoso. Los expertos opinan que el futuro de la realidad aumentada está en masificarla, en convertirla una herramienta de uso diario para exposiciones o como fuente de información. Sin embargo, siempre quedan algunos inconformistas que quieren ir más allá. Por eso, ya se están investigando y experimentando algunas funcionalidades que harán que la realidad virtual nos parezca algo impresionante de nuevo.

Para la infoarquitectura, la realidad virtual ya es una buena amiga, pero si se le añade un sistema de fotogrametría puede instalarse en los estudios 3D para siempre. La fotogrametría es una técnica de fotografía que permite determinar las dimensiones y posiciones de los objetos en el espacio a través de imágenes en dos dimensiones. Si se aplica a la realidad virtual, la impresión de realismo y de inmersión es aún más espectacular. Además, es posible acercarse a los objetos y observarlos con más detalle; incluso permite hacer zoom y analizar zonas del escenario que se presenta como si estuviéramos allí mismo.

Esto supone un gran avance para la infografía en tres dimensiones, ya que permite a los constructores e inversores hacerse una idea mucho más clara y veraz de lo que puede llegar a ser un proyecto arquitectónico.

Otro avance que promete revolucionar la realidad aumentada es la biométrica. Se trata de un tecnología que recoge las señales del cuerpo humano, como las pulsaciones o el movimiento de los ojos. Si se implanta en una gafas o un casco de realidad virtual, el usuario podrá controlar las acciones con su voz o moviendo los ojos, además de con el movimiento. Esto superaría un obstáculo para personas discapacitadas que deseen utilizar esta tecnología, ya que no les hará falta desplazarse para hacer el mismo recorrido que cualquier otra persona. Asimismo, para las marcas supone una ventaja, ya que pueden medir el impacto de sus productos a través de los resultados que proporciona la biométrica, midiendo los cambios en el pulso o la respiración.

Hasta ahora, la realidad virtual ha superado la barrera visual, la auditiva y, con tanta dosis de realismo, se podría decir que incluso la barrera táctil. Pero las que aún no han podido franquear son las fronteras del olfato y el gusto. Pues bien, también están intentando resolver este problema. Se trata de la última presentación del trabajo de un equipo de científicos de la Universidad de Singapur. El grupo ha revolucionado el sector de la ciencia siendo capaces de transmitir sabores a través de Internet. Ya han conseguido enviar el sabor de la limonada por la red. La tecnología que usan se basa en traducir los impulsos eléctricos de nuestro cerebro y convertirlos en estímulos, en esete caso, la sensación de estar oliendo y saboreando un vaso de limonada.

Está claro que las impresoras 3D ya hacen maravillas e imprimen comida habiéndole inyectado la “tinta” con los ingredientes correctos. Pero… ¿podremos llegar a enviarnos comida a través de un chat? Puede que lo veamos dentro de unos años.

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La importancia de las fotos en infoarquitectura

Cuando comenzamos a trabajar en un nuevo proyecto, nuestro principal objetivo es que el resultado sea lo más fiel a la realidad que se pueda. Que nuestro render 3D engañe a los ojos inexpertos (y los expertos también) y crean que están ante una fotografía de un espacio real. Una de las funciones de la infoarquitectura es crear imágenes de escenas que aún no existen y ahí es donde nace la complejidad de esta disciplina. Por eso, ¿qué mejor que basarse en la realidad?, y en eso, la fotografía va a ser nuestra mejor ayuda.

La fotografía es muy importante para la infoarquitectura, sobre todo en tres aspectos:

1. Crear espacios

Tanto para crear un diseño de interior, como de exterior, partimos de una imagen real: un paisaje o una habitación. El entorno exterior siempre es algo real, que podemos ver y tocar; por eso, vamos a aprovechar al máximo este recurso y haremos fotos desde todos los ángulos y a varias horas con distinta luz. Es mejor usar un objetivo gran angular para poder abarcar más visión en una sola imagen (incluso puede venir bien hacer una panorámica). Estas fotos nos pueden servir de fondo base para construir el edificio virtualmente.

Es cierto que, a veces, puede resultar difícil conseguir buenas fotos de una zona poco accesible. Si tenemos que trabajar sobre un paisaje costero o de montaña, la tecnología se pone de nuestra parte y nos ofrece una solución: los drones. Con estos aparatos podemos conseguir instantáneas aéreas que hace algún tiempo solo se podía obtener con avionetas.

Si lo que queremos es diseñar un espacio interior, debemos seguir las mismas pautas que para el exterior. Todo esto nos va a ayudar bastante a la hora de recrear la iluminación, las proporciones y crear diferentes perspectivas.

2. Obtener referencias

En el caso de que tengamos que amueblar virtualmente un espacio concreto, podemos tomar referencia de los objetos reales que van a formar parte del diseño. Lo mejor en estos casos es tomar varias fotografías del objeto. Por ejemplo, estamos diseñando un salón y el sofá es el centro de atención, así que vamos a capturar distintos planos del mismo (frontal, perfil y planta). Con estas imágenes vamos a conseguir moldes, por lo que hay que tomarlas con la mayor horizontalidad posible, sin aire a los márgenes. Así conseguimos que la perspectiva sea plana y no nos cause confusión a la hora de recrear el sillón en la pantalla.

3. Simular texturas

En un post anterior ya os dimos algunos consejos para lograr un buen texturizado. Hay que tener especial cuidado al tomar instantáneas de distintas texturas para evitar gastar demasiado tiempo en retoques con Photoshop y otros editores. Debemos tratar que la iluminación sea lo más uniforme posible, y para ello podemos servirnos de focos y reflectores que quitarán reflejos y luces no deseadas. Y al igual que en el punto anterior, la perspectiva es clave. Sin fotografiamos ladrillos o baldosas, temenos que prestar atención a que las líneas sean lo más rectas posible.

Y, por supuesto, para lograr los mejores resultados en las infografías, tenemos que exprimir nuestros conocimientos de fotografía (o adquirirlos si aún no existen). Saber sobre encuadre, iluminación, perspectiva, etc y, sobre todo, saber plasmarlo digitalmente va a engrandecer bastante el resultado del trabajo.

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Un mapa interactivo para conocer una ciudad

Hasta ahora en el blog siempre hemos hablado del 3D aplicado a la arquitectura y a la realidad virtual. En esta ocasión os vamos a enseñar un uso distinto de las tres dimensiones que hasta ahora no habíamos comentado. Los gps y las aplicaciones de mapas ya forman parte del día a día, siempre con diseños planos y sencillos, pero con el 3D podemos hacer que la cartografía resulte más interesante y diseñar mapas interactivos que se utilicen para aprender y curiosear en vez de para encontrar ese restaurante que te recomendaron la semana pasada.

Estos planos virtuales se pueden llegar a convertir en una herramienta esencial a la hora de plantear un nuevo proyecto urbanístico o arquitectónico. O incluso para estudiar las construcciones que ya llevan tiempo ocupando un terreno. Con el 3D se aporta una visión más realista de la ciudad y de la geología de una zona determinada para, por ejemplo, buscar un área despoblada para analizarla y considerar qué tipo de construcción puede tener lugar. La tercera dimensión también hace más fácil el trabajo de cálculo del relieve, ya que se puede representar el relieve con medidas exactas, como en este mapa de Madrid.

Los ya mencionados, son los usos más habituales para el urbanismo y la arquitectura, pero no son los únicos, ya que estos mapas también son útiles para calcular el drenaje de las aguas urbanas o las posibilidades de inundación; para realizar simulaciones que garanticen el orden y la seguridad pública; para promocionar una ciudad mediante modelos interactivos; etc.

Además, existen numerosos softwares online (algunos gratuitos) que permiten crear mapas interactivos que se actualizan en tiempo real. Algo que va más allá del típico mapa satelital o un callejero, pero que tiene la misma funcionalidad práctica, solo que con una mejor calidad y donde se pueden apreciar detalles como las sombras que arrojan los edificios a lo largo del día o vehículos y peatones en movimiento. La cantidad de detalles y elementos dependerá de la profesionalidad y la creatividad del diseñador del mapa. Asimismo, se suelen clasificar los mapas en 3D en cuatro niveles según el grado de precisión y de parecido a la realidad que tengan.

Pero esto no es todo, si añadimos sensores a la ciudad que se conecten en tiempo real con el programa donde se desarrolla el plano, obtenemos lo que es conocido por un mapa inteligente o Sistema de Información Geográfica (SIG en español o GIS en inglés). Se trata de funcionalidades cartográficas que relacionan tecnología y datos que hacen posible la organización de la gran cantidad de información del mundo real para ser vinculada a una referencia espacial. De esta forma, se optimiza la gestión de las ciudades y se toman decisiones inteligentes.

Los SIG más elaborados suelen formar parte de la actividad de los ayuntamientos, de Agencias de Seguridad, Defensa y Emergencias (bomberos, policía…), e incluso de empresas privadas, quienes aprovechan esta tecnología para tomar mejores decisiones estratégicas de desarrollo, venta, u optimización de recursos.

Sin embargo, los usuarios, los ciudadanos también utilizan estos mapas y planos inteligentes, pero en su versión menos profesional y en dos dimensiones. Las funciones se reducen a actividades prácticas del día a día como visualizar fácilmente la puntualidad de diferentes medios de transporte o saber que temperatura hace en un lugar determinado.

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Tres herramientas de escaneo 3D para smartphones

Desde hace varios años la tecnología móvil ha ido progresando a pasos agigantados. Las cámaras de estos dispositivos permiten capturar imágenes que alcanzan la calidad profesional y se han convertido en una herramienta de trabajo más para arquitectos y diseñadores. Los nuevos avances respecto a los escáneres y su integración en los smartphones y tablets son toda una revolución para estas profesiones.

Las utilidades de escáner 3D suponen un gran alivio en la carga de trabajo diario y reducir considerablemente los plazos de entrega de un proyecto arquitectónico. Algunas aplicaciones son capaces de trabajar simultáneamente con la realidad virtual e incluso pueden transformar los datos recabados para incluirlos en softwares de CAD. Así que, vamos a hablar de algunas de ellas.

Structure Sensor

Se trata de un pequeño escáner que se conecta a un iPad y que, gracias a sus sensores, es capaz de crear un mapa 3D sobre la superficie que esté enfocada. Al finalizar el escaneo, se obtiene automáticamente un modelo en tres dimensiones en bruto del escenario. También mide las distancias entre los objetos, por lo que da igual si se olvida la cinta métrica.

Claro que todo esto es posible si se instala una aplicación al dispositivo: Canvas. Con ella ya se pueden incluir texturas y se puede obtener toda la información del escaneo. No obstante, no todo es tan perfecto, ya que si se quiere pasar a CAD, es necesario instalar otra app que transfiera los datos del iPad a un ordenador, desde donde se podrán manipular los archivos. Y, por supuesto, nada de esto es gratis;, pero puede merecer la pena según el tipo de proyecto en el que se esté trabajando.

Eora 3D

Este escáner está pensado para escanear objetos mediante luz verde. Puede llegar a alcanzar resoluciones menores que las 100 micras y con hasta 8 millones de vértices. El paquete también incluye una plataforma giratoria donde colocar el objeto para recomponer la imagen, en vez de ir rodeándolo con el móvil.

El aparato se conecta al smartphone mediante una conexión de Bluetooth 4.0 y funciona a través de una aplicación totalmente gratuita disponible en iOS y Android.

Resulta más económico que el anterior, pero esto solo es significado de que sus funciones son más limitadas.

Scandy Pro

Está más enfocado al mundo de los videojuegos y la impresión 3D. Al igual que los anteriores, se conecta un pequeño dispositivo a un teléfono con Android. El software es capaz de escanear en 3D alrededor de 3 cuadros por segundo. La resolución es impresionante, ya que está capacitado para escanear con hasta 0,3 mm de precisión, por lo que resulta muy útil para escanear caras. Además, los datos escaneados se pueden exportar a cualquier programa de modelado en tres dimensiones.

Estas aplicaciones y sus respectivos aparatos tecnológicos no son los únicos que existen actualmente en el mercado, y probablemente dentro de poco se quedarán obsoletos. Solo es cuestión de buscar el que mejor se adapte al proyecto y, como no, al presupuesto.

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Pantallas interactivas para dentro y fuera de la empresa

La actividad más efectiva para conseguir ventas y generar conocimiento de la marca, sin duda alguna, es la publicidad y una buena estrategia de comunicación. En los últimos años la publicidad ha ido reinventándose para conseguir atraer la atención del público, que se había desviado debido a los monótonos y tradicionales anuncios en la televisión o en carteles. Sin embargo, los publicistas se han estrujado el coco y han conseguido crear campañas muchos más atractivas que se basan en la interactividad.

Hacer partícipe al usuario, que sienta que forma parte de la empresa. Ese es el objetivo de la publicidad interactiva. Y se puede hacer de muchas formas: en la página web de la marca, a través de las redes sociales, con aplicaciones, códigos QR… Sin embargo, posiblemente uno de los formatos más atrayentes y que mejor funciona en la vía urbana es la pantalla interactiva. Con ayuda de esta tecnología y una mente creativa, se pueden hacer campañas verdaderamente sorprendentes.

Una de las formas más habituales de presentar anuncios en estas pantallas es incluyendo en su instalación sensores de movimiento que se activan cuando se produce actividad cerca de ellas. De esta forma, cuando alguien pase cerca de la marquesina o el lugar donde esté localizada, se activará el comercial. Asimismo, otra opción bastante acertada es incorporar tecnología táctil que permita que el usuario conteste preguntas o se entretenga con un pequeño juego. Aquí la tecnología es la mejor aliada y se puede optar por integrar cámaras, altavoces, micrófonos…

No obstante, la pantalla interactiva no sirve exclusivamente para atraer clientes, también resulta ser una herramienta muy valiosa para la comunicación interna de cualquier empresa. Se convierte en una novedosa forma de colaboración empresarial. Con las pantallas y algunos complementos (cámara, micrófono…) las reuniones son mucho más productivas, ya que permite la participación del grupo de una manera más visual y, además, se acaba con problemas como la distancia geográfica; de esta forma, se pueden realizar videoconferencias y compartir datos simultáneamente con alguien que está lejos de la oficina.

Puede parecer una tecnología fácil de utilizar, puesto que ya estamos más que familiarizados con las pantallas táctiles y toda esa conectividad. Sin embargo, no es una tarea sencilla desde dentro. El diseño interactivo es una actividad que obliga a dominar todos los aspectos del diseño gráfico (texto, gráficos, videos, animaciones…) y además tener claro el concepto de interactividad. Es un conjunto de especialidades que comprende términos como el diseño de software, diseño web, de producto, de interfaz de usuario…

Para conseguir un producto interactivo eficaz, se debe presentar el mensaje de la manera más sencilla y clara posible, que la navegación por la interfaz sea fácil e intuitiva y que sea compatible con el formato (tamaño, resolución, etc) y la tecnología que queremos emplear.

Todo esto es tarea del diseñador interactivo, una figura esencial en el equipo si pretendemos incorporar pantallas interactivas a nuestro negocio. No obstante, es difícil encontrar a una persona que sea capaz de reunir todos los conocimientos que implica dominar el diseño interactivo. Por eso, la mejor decisión que se puede tomar a la hora de incorporar tecnología interactiva a nuestra marca es ponerse en contacto con otra empresa que se dedique profesionalmente a ello, y que reúna un equipo completo que domine cada una de las disciplinas nombradas más arriba.

Revisa nuestro trabajo con pantallas interactivas e inclúyelas en tu estrategia corporativa.

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El paradigma del diseño paramétrico

Desde que, allá por la década de los 80. se sustituyera el papel y el lápiz por la pantalla y el ratón, los softwares dedicados a la arquitectura no han parado de evolucionar. Estos programas informáticos se convierten en el compañero perfecto de todo arquitecto, que consigue trazos y resultados cada vez más exactos. Y eso precisamente, la exactitud, es lo que define al tipo de diseño del que vamos a hablar en esta ocasión: el diseño paramétrico.

El diseño o la arquitectura paramétrica se basa en algoritmos que dan la posibilidad de expresar parámetros o variables que definen las necesidades de diseño y ejecución del proyecto. El resultado de este estilo son edificios con formas complejas inspiradas en líneas geométricas que tienen como objetivo una causa concreta (una variable): proporcionar la mejor acústica a un auditorio, preservar de las inclemencias meteorológicas o simplemente ensalzar aspectos culturales o artísticos. Se trata de un diseño construido a partir de una ecuación. Como veis, los términos se asemejan mucho a las matemáticas, ya que el concepto “paramétrico” viene precisamente de esa ciencia.

Al ser un proceso que se desarrolla en su totalidad a través de un software de dibujo profesional, las ventajas que presenta son numerosas. El primero de los puntos a favor de esta tecnología es el ahorro de tareas repetitivas, puesto que permite crear familias de soluciones en vez de sólo una; es decir, en lugar de tener que diseñar, por ejemplo, un cilindro y repetirlo varias vedes, da la posibilidad de crear una familia de cilindros con alturas variables que pueden ser manipuladas.

Por otro lado, también elimina de la lista tener que hacer cálculos manuales y la posibilidad del error humano. Con todo esto se consigue disminuir los esfuerzos necesarios para crear y modificar variantes del diseño. Por consiguiente, uniendo todas estas ventajas, se obtiene un resultado con una calidad superior que no se podría haber logrado con otros softwares.

Y hablando de softwares, vamos a nombraros algunos de los más utilizados para el diseño paramétrico. El sistema CATIA fue el que se empleó en los inicios de este estilo. A partir de ahí, ya son numerosos los programas válidos para esta forma de expresión arquitectónica: Grasshopper, Autodesk Revit o Ecotec Analysis son algunos de ellos.

La precisión es la principal característica del diseño paramétrico. El arquitecto puede hacer tantos cambios como precise en el diseño y el software hará todos los cálculos necesarios para que todo salga de forma óptima automáticamente. Esto proporciona al diseñador una vía más libre para experimentar y añadir nuevas formas a sus creaciones.

Además, el diseño paramétrico, a parte de modelar edificios en tres dimensiones, permite incorporar en el proyecto formas bastante más eficientes en cuanto al punto de vista energético, estructural o incluso acústico, siendo un buen ejemplo de esto último el Elbphilharmonie de Hamburgo, un auditorio compuesto por 10.000 paneles acústicos individuales.

En España tenemos uno de los edificios más representativos de la arquitectura paramétrica: el Museo Guggenheim de Bilbao. Frank Gehry fue el arquitecto que, en 1997, dio paso a una nueva generación especializada en este tipo de diseño.

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La evolución de los softwares de diseño 3D

Todo arquitecto veterano ha vivido la revolución que supuso la incorporación de los programas CAD a su rutina de trabajo. Unos softwares que para las nuevas generaciones se van quedando anticuados y necesitan dejar paso a sistemas más avanzados, como el BIM. Si eres un principiante en todo este mundillo de la arquitectura y el diseño, probablemente todo esto te sonará a chino. Por eso, vamos a explicar en qué consiste cada uno de estos conceptos y la diferencia entre ellos. ¡Toma nota!

Del diseño asistido por ordenador al almacenamiento de información. O lo que es lo mismo: la evolución del CAD al BIM.

Con la integración del CAD (Computer Aided Design / Diseño Asistido por Ordenador) en los estudios arquitectónicos se consiguieron avances importantes, tales como: mejorar notablemente la velocidad de trabajo, representar fácilmente diseños complejos en 3D, guardar toda la información de un proyecto y consultarla en cualquier momento (e incluso enviársela a otros compañeros del gremio) y corregir errores antes de comenzar la construcción.

Pero, sobre todo, con el CAD los diseños de planos e infografías en tres dimensiones adquieren un matiz de realidad que antes no se podía alcanzar. La posibilidad de añadir texturas, distintos tipos de trazados, combinar tipos de luces… Y todo ello realizado con una sola herramienta: un ordenador.

Sin embargo, todo tiene que evolucionar. Así que nació el BIM con la intención de volver a marcar un antes y un después en el diseño arquitectónico y en las formas de trabajo de los arquitectos. Con la aparición de este nuevo sistema se abrió un debate en el sector que parece que aún no se ha cerrado: ¿el BIM supone la muerte del CAD? Para algunos la respuesta es afirmativa, pero para otros, el BIM es un gran avance que hay que combinar con el CAD, pero todavía no puede reemplazar totalmente a este último.

                   

El BIM (Building Information Modeling / Modelado de Información de Construcción) se trata de un proceso en el se generan y gestionan datos de un edificio utilizando un programa de modelado de edificios en 3D y con renderizado en tiempo real. Esto permite que el proyecto abarque la información de diseño del nuevo edificio y además toda una serie de datos sacados de la realidad necesarios para su construcción: documentación técnica como memorias, pliegos de condiciones, cálculos de estructuras, de instalaciones, modelo energético para su certificación, cumplimiento de normativa técnica, etc.

La principal ventaja de este sistema es que permite “ensayar” la construcción antes de comenzarla. Es decir, mejora todo el proceso de producción, ya que el arquitecto posee toda la información necesaria para la construcción real y no se limita solo a dibujar un diseño realista de cómo tendría que quedar el edificio. De esta forma se ahorra mucho tiempo evitando tener que corregir errores que se pueden producir en el proceso de edificación.

Además, el BIM ayuda también en el desarrollo de la campaña de venta de la construcción, ya que se puede aplicar a tecnologías como la Realidad Virtual y la Realidad aumentada. Unas tecnologías que ya no precisan solo de un diseño del modelo en 3D, sino de una visión del proyecto en todo su conjunto, con toda la información necesaria que aporta el BIM.

Como podéis comprobar, el BIM ha supuesto un cambio bastante grande en la actividad arquitectónica. Y en cuanto al debate que genera… ¿Cuál es tu posición?

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Un buen texturizado garantiza un resultado realista

Poco a poco, post a post, hemos ido dando consejos y algunas claves para conseguir los mejores resultados en cualquier tipo de imagen creada a partir de un ordenador. Hemos aprendido trucos sobre iluminación, colores, softwares, renders… y ahora toca tratar otro aspecto tan fundamental como todos los anteriores: el texturizado.

Una parte importante de nuestro trabajo va destinada a apoyar proyectos arquitectónicos, por lo que nos vamos a centrar en el texturizado de materiales que pueden presentarse en la representación de una vivienda o un edificio. Sin embargo, las técnicas de texturizado son aplicables a cualquier ámbito, ya que la observación es la herramienta básica de este proceso que tiene por objetivo principal imitar la apariencia de los materiales que componen un escenario real.

En palabras más técnicas, texturizar una imagen digital supone la aplicación de colores, efectos y trucos de iluminación para simular un material real de un objeto o un entorno. Este proceso se suele realizar cuando ya se ha terminado el modelado y ahora se necesita dar un toque de realismo simulando distintos materiales como madera, metal, cerámica, tela…

Las muestras de texturas se pueden obtener directamente de la realidad con la ayuda de una cámara de fotos o incluso con un escáner. Si digitalizamos la imagen de un material después podemos aplicar ese acabado a cualquier objeto que hayamos diseñado, ya sea tridimensional o un dibujo plano. Igualmente, también podemos crear una textura nosotros mismos a partir de programas de edición gráfica como Photoshop o Illustrator. A estas dos formas de generar materiales digitalizados se la conoce como bitmap (mapa de bits). Otra opción es acudir a un banco de gráficos donde otros infografistas han volcado su trabajo.

Sin embargo, estas formas de obtener texturas tienen una desventaja: la resolución. En ocasiones la resolución de las muestras no es lo suficientemente buena como para aplicarla en superficies amplias y acaba por pixelarse o nos vemos en la necesidad de “copiar y pegar” varias veces la muestra. Para evitar esto, existen otros sistemas de texturizado denominados “procedurales” o “shaders” que se basan en unos algoritmos que van integrados en el mismo programa 3D. Con este proceso la resolución siempre es buena y nunca llegamos a percibir ningún píxel.

En las infografías en tres dimensiones de casas, tanto del interior como del exterior, las formas que se utilizan son bastante básicas, puesto que la mayoría de objetos a representar se componene de formas geométricas básicas. Por eso, los procedimientos para texturizar suelen ser cuatro:

– Planar. Para aplicar una textura en paredes o suelos como el parquet o el gotelé.

– Cúbico. Se proyecta la textura hasta en seis direcciones, por lo que es ideal para armarios, mesas, sillones…

– Cilíndrico. Sería la mejor opción para dar realismo a barras de metal, jarrones y cualquier objeto con forma cilíndrica.

– Esférico. Resulta ideal para texturizar objetos redondeados o para simular las ondas del agua de una piscina o del mar.

Y si nos encontramos con un objeto con unas formas más complejas, siempre podemos descomponerlo para aplicar alguna de esas cuatro opciones o una combinación de varias. O Incluso podemos aplicar una textura a un objeto plano y posteriormente modelarlo.

Estas son algunas de las claves que hay que tener en cuenta a la hora de añadir texturas a un diseño en 3D. Si conseguimos que las texturas sean realistas obtendremos una infografía con una calidad mayor.

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La importancia del branding para cualquier empresa

Cuando nace una nueva empresa, su principal objetivo es posicionarse como una de las más conocidas dentro de su sector. Los arranques nunca son fáciles, pero siempre viene bien que la primera impresión de cualquier persona hacia el negocio sea buena. Y bien es cierto, que, aunque la belleza está en el interior, el físico es lo primero que se ve. Lo mismo pasa con las tiendas, las webs y cualquier tipo de comercio. Por eso hay que ser conscientes de que una buena estrategia de branding nos hace ganas muchos puntos.

El branding, otro de los cientos de anglicismos que rodean el mundo del marketing y el diseño. Pues bien, no es otra cosa más que la identidad de la marca. Se trata del proceso de creación de la imagen de la empresa a partir de un conjunto de variables que la dotan de personalidad y distinción. De esta forma, el negocio pretende conectar con los clientes a través de la representación de sus valores y su carácter.

La imagen visual se desarrolla a partir de una serie de componentes como son:

  • El logotipo. Es el rostro de la marca, así que hay que cuidarlo bien. Debe ser sencillo, sin abusar de los adornos, y es importante investigar antes de diseñarlo para que nuestro logo sea original y no se parezca al de otras empresas, sobre todo a los de la competencia. A parte del diseño, también hay que cuidar el formato y el tamaño, así que lo mejor es disponer de un modelo vectorizado que pueda reproducirse a cualquier escala.

  • Los colores. Definen la personalidad de la empresa. Los clientes recordarán la marca y el logotipo por su color. Los colores generan distintas sensaciones y se suelen asociar con sentimientos y estados de ánimo. Por eso, las tonalidades que elijamos van a ser importantes al definir nuestra identidad corporativa.

  • La tipografía. Al igual que el color, el estilo de letra que escojamos para el logo y el resto de textos de la marca va a influir en la percepción que los usuarios tienen de la misma. Existen infinitos tipos de fuentes, sin embargo se agrupan en unos cuantos estilos que marcan la identidad. Según qué tipografía se utilice, nuestra imagen será más seria y nos aportará credibilidad, o todo lo contrario.

La unión de estos tres elementos y la concordancia y coherencia entre ellos es lo que va a diferenciar nuestra empresa. No es un trabajo sencillo, por eso la mejor opción para diseñar la imagen corporativa es dejarlo en manos de profesionales del diseño.

Pero el branding es más que la definición de una imagen visual. También entran en juego la elección de un buen nombre o naming (otro anglicismo), que concuerde con nuestros productos y que sea fácil de pronunciar y de recordar. Casi como si se estuviese escribiendo la próxima canción del verano, que sea fresco y pegadizo.

En definitiva, para realizar una estrategia de branding exitosa lo primero que hay que tener claro es la definición de la empresa. Conocer a nuestro público objetivo y saber qué es lo que les mueve y cómo se comunican. Investigar a nuestra competencia para saber marcar la diferencia y mejorar. Estar siempre al día de lo que acontece en el sector y amoldarse a las nuevas normas, aunque no estén escritas. Pero, sobre todo, lo más importante es ser constantes y no dejar de lado ninguno de estos aspecto en ningún momento.

Al fin y al cabo, el branding siempre tiene una respuesta, y la positividad de la misma dependerá del mimo y el ímpetu que se ponga en la acción.

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